sábado, marzo 26, 2005

Fleming, el estafilococo y la penicilina

En la lucha contra las peligrosas y mortales infecciones, el descubrimiento del 'Penicillium notatum' marcó un hito trascendental en la historia de la medicina mundial.El pasado viernes se cumplieron 50 años de la muerte de Sir Alexander Fleming. Para la mayoría de los lectores tanto el nombre de Fleming como el de penicilina formans parte de la historia, pues los antibióticos al igual que los gérmenes que están destinados a combatir han evolucionado a través de muchas generaciones. Sin embargo, el descubrimiento hecho en 1928 por Fleming, en el hospital Saint Mary's de Londres, marcó un hito en la historia de la medicina. Una serie de eventos fortuitos condujo a un resultado final que cambió las estadísticas de mortandad en el mundo.
DE MÉDICO A BACTERIÓLOGOAlexander Fleming, nacido en 1881 en Escocia, era hijo de un hacendado. Su hermano mayor era cirujano y trató de convencerlo para que estudiara medicina. Sin embargo, al terminar el colegio, Alexander entró de empleado a una naviera. En 1900 él y sus hermanos se enrolaron en el ejército británico para combatir en la guerra Boer de Sudáfrica, a la cual nunca llegó a ir, pero resultó un excelente tirador. Al salir del ejército, heredó a un tío y siguió el consejo de su hermano invirtiendo su herencia en el estudio de medicina, e ingresó con la nota más alta a la Escuela del hospital Saint Mary's. Fleming escogió como especialidad la cirugía, para la cual hubiera tenido que dejar Saint Mary's, pero sus amigos y profesores, ante la posibilidad de perder a su estrella de tiro y water polo, lo convencieron de que estudiara bacteriología. Fue la época en que el médico alemán Paul Ehrlich desarrolló el Salvarsan contra la sífilis, y Fleming fue uno de los primeros en administrarlo, desarrollando una nueva técnica de inyecciones intravenosas. Al comenzar la Primera Guerra Mundial fue a Francia a trabajar en un hospital de campaña, donde vio los efectos devastadores de las infecciones.
UN ACCIDENTE AFORTUNADODe regreso en Saint Mary's, Fleming se dedicó a buscar antisépticos, encontrando la licozina una enzima presente en el cuerpo de poco efecto contra las infecciones fuertes. En 1928 tenía apilados en un lavadero diversos recipientes con cultivos de estafilococos y uno de ellos había quedado abierto. Antes de limpiarlo, Fleming observó que en el recipiente se había formado un anillo de moho y alrededor de este todas las bacterias de estafilococo habían muerto. Tomó una muestra del moho y lo identificó como el hongo 'Penicillium notatum'. Fleming lo bautizó con el nombre de penicilina, sobre la cual publicó en 1929 un informe en el British Journal of Experimental Pathology, que pasó casi inadvertido. Recién en 1939 tres bacteriólogos de la Universidad de Oxford iniciaron una extensa investigación sobre la penicilina, demostrando que es un bactericida efectivo. Para entonces había estallado la Segunda Guerra Mundial e Inglaterra carecía de recursos, por lo que los científicos de Oxford Howard Florey y Norman Heatley fueron a EE.UU. llevando una pequeña cantidad de penicilina para continuar la investigación. Florey junto con Ernst Chain aislaron en 1941 el ingrediente activo de la penicilina y desarrollaron la forma de pulverizarlo. El nuevo antibiótico fue utilizado en todos los frentes de guerra, salvando millones de vidas, por lo que en 1945 Fleming, Chain y Florey recibieron el Premio Nobel. Mientras tanto, a fines de 1941, el químico estadounidense A. J. Moyer, junto con el doctor Heatley desarrollaron una manera de producir penicilina, que para entonces había demostrado ser el agente antibacteriano más efectivo, de una manera mucho más eficiente.
LOS ANTIBIÓTICOSLos lectores que nacieron antes del año 50 recordarán el impacto que tuvo la penicilina en la práctica médica. Una serie de enfermedades potencialmente fatales, como la difteria, meningitis y pulmonía, podía ser tratada en corto tiempo. La penicilina era cara y se administraba en inyecciones, pero su precio fue cayendo. En 1940 era un invalorable privilegio de ciertos laboratorios. A finales de la guerra la dosis costaba 20 dólares. Cuatro años después había bajado a menos de un dólar. Para 1947, menos de cuatro años después de que se comenzara a producir en cantidades industriales, apareció la primera bacteria con resistencia a la penicilina. Pero la habilidad del 'Penicillium notatum' de inutilizar la membrana de la bacteria, impidiendo su división y causándole la muerte, fue el principio de una nueva generación de drogas contra las infecciones: los antibióticos. La doctora inglesa Dorothy Crowfoot Hodgkin*, de Oxford, ganadora del Premio Nobel de Química en 1964, había descifrado la estructura molecular del principio activo de la penicilina, mientras que el doctor John Sheehan encontró la manera de sintetizarla. La secuencia de eventos a partir del aislamiento del principio activo del 'Penicillium notatum' abrió el camino a la búsqueda de otros antibióticos. Los avances de la biología molecular y la posibilidad de descifrar la estructura de las moléculas por difracción de rayos X permitieron desarrollar nuevos principios activos y sintetizar otros. Los microbios, por su parte, gracias a su corto tiempo de reproducción evolucionaron desarrollando resistencia, lo que obligan a la permanente búsqueda de nuevos antibióticos. Han pasado 77 años del descubrimiento de Fleming y 50 de su muerte. Durante este tiempo la medicina en general, y la biología molecular en particular, ha experimentado avances gigantescos. Hoy, una secuencia de eventos que comenzó con el descubrimiento de Fleming y el trabajo de la doctora Crowfoot permite controlar enfermedades que hace unas décadas eran mortales y ha reducido dramáticamente las infecciones en la cirugía. Si bien Fleming y la penicilina hoy nos parecen lejanos, marcan un hito en la historia de la medicina porque abrieron un nuevo camino con alcances que ni Fleming ni sus colaboradores pudieron imaginar. * Además de la penicilina, la doctora Dorothy Crowfoot (1910-1994) descifró la estructura de más de 100 moléculas, incluyendo las vitaminas B12 y D y la insulina.

Tomás Unger

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